martes, 18 de septiembre de 2012

La Política como Profesión

La política para algunos es un estado de necesidad, no una pasión o una vocación. Hablamos de la situación, cuasi profesional, que para muchas personas, en el mundo concreto de la política española, es su única posibilidad de mantener una situación económica en el nivel que ellos estiman o desean disfrutar.

 Aquella persona que siente peligrar en forma cierta su actual status económico y por tanto social, sin forma clara de sustituir sus actuales ingresos, se convierte en una persona peligrosa. Es persona proclive a la corrupción en cualquiera de sus múltiples formas, prevaricación, cohecho o tráfico de influencias.

Sin embargo, ciudadanos que se han incorporado a la política desde sus puestos de empresarios, de profesionales, de docentes, o de trabajadores en cualquiera de las posibles actividades existentes, y que mantienen durante un cierto número de años su capacidad de volver a la actividad, que han abandonado durante su tránsito por puestos políticos,  marcharán o verán el término de la actividad política sin el excesivo temor ni angustia que pueda trastocar su sistema de valores inicial.

Dado que es imposible una selección previa de candidatos a los innumerables puestos que suponen el vivir de la “cosa pública”, nuestra Constitución no lo permitiría, es preciso encontrar otro camino que no sea el de una constante amenaza de aplicar a conductas incorrectas normativas penales, que como se viene demostrando son notoriamente ineficaces.

Creemos que la única vía actualmente posible, es la limitación de permanencia en cargos políticos a un número de años no excesivo, ocho años parece un buen límite. Permite que quien tenía una actividad anterior no pierda actualidad en conocimientos necesarios para recuperar el ejercicio de la misma, y minora la expectativa de poder forzar la capacidad de influencias y conocimientos que el cargo, nombramiento o designación pueda proporcionar.

Tengamos en cuenta que cuando la sustitución de quienes encabezan los organismos políticos se produce, una especie de “tsunami” recorre el organismo de arriba abajo, cambian asesores, directores y gerentes de organismos de toda clase,  e incluso los denominados despachos de influencias se cierran y abren. Ello produce una corriente de aire saludable y de purificación del ambiente, que lo más probable es que con un cierto ritmo se vuelva a estropear, pero ocho años son pocos para que se pudra del todo y sólo de eso se trata.

Se me olvidaba: Los capítulos de subvenciones de todo el ámbito estatal, autonómico y municipal sufrirían una depuración inicial totalmente benéfica, que evidentemente  terminará degenerando, pero repetimos ocho años pueden aguantarse y la expectativa de la próxima llegada del término del mandato aleja la esperanza de impunidad.

¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí?

Hay quien se pregunta, en estos momentos, como un colectivo con un nivel de vida económicamente resuelto y con holgura, con un trabajo asegurado y sin riesgo de pérdida, con unos niveles de preparación altos, pueden colectivamente tomar una decisión que supone un gravísimo perjuicio para miles de ciudadanos de decenas de países, y que deteriora gravemente la economía nacional. ¿Como considera, este colectivo, que enfrentado al legítimo gobierno de un estado de derecho va a ganar la partida y que se aceptarán sus demandas sin exigirles responsabilidad por el daño causado?

Pues simplemente porque están embalados. La velocidad en un embalamiento no es instantánea, se adquiere y acelera con el transcurso del tiempo, con la acumulación de éxitos repetidos ante una misma actitud, sea esta legítima o ilegítima, hasta alcanzar velocidad suficiente para que los mismos protagonistas ya no sean capaces de autocontrolar la velocidad, se dejan llevar sin medir daños ajenos ni perjuicios propios. Y una vez estrellados se une la sorpresa propia; ¿Cómo hemos podido llegar aquí?, ¿Qué nos ha pasado?.

Pero en nuestra sociedad se están produciendo más embalamientos; que contemplamos crecer y aumentar en velocidad, esperando que se produzca la correspondiente catástrofe. También gran parte del caos económico y financiero que sufrimos se debe a una actitud, que podemos calificar como similar, por parte de entidades financieras que iniciando una marcha en la financiación sin garantía de nuevas viviendas y actividades empresariales, poco a poco pero sin pausa se fueron embalando hasta que la actividad se les fue de la manos.

Y que decir de la corrupción que nos va invadiendo. Indudablemente se empieza con cien y no pasa nada, pero la siguiente operación, ya sea comisión, participación, regalo, fraude, cohecho o prevaricación, es mil, luego cien mil, luego un millón y rápidamente, y ya embalados, alcanzamos las decenas de millones y en estos casos, al conocerse, también nos llevamos las manos a la cabeza. ¿Cómo ha podido ocurrir esto?

Pues todos tenemos parte en la culpa. El Gobierno desde luego, pues para eso le elegimos y le pagamos. Y sobre todo los ciudadanos, somos una sociedad tolerante hasta el suicido social, admitimos en nuestra mesa, aceptamos invitaciones y a veces les sonreímos y hasta hablamos con admiración de ciudadanos que nos consta que abusan de situaciones laborales de privilegio inmerecido. Que siendo conscientes que su situación social se debe al soborno, al cohecho a la prevaricación, les damos lugar en medios televisivos que vemos, en revistas que leemos y se le acepta en fiestas sociales a las que asistimos.

Menos quejarnos, menos sorprendernos y valorar mejor lo que debemos valorar y rechazar con energía lo que hay rechazar, y desde el principio, cuando todavía camina titubeante, pues se acelerará más y más, hasta embalarse.

Elisa Martínez de Miguel
Diciembre 2011

No nos mires, únete

Ante las demandas genéricas de los “Indignados” asentados estos últimos días en las distintas plazas mayores de España, la actitud de la de la ciudadanía ha sido variada, estoy de acuerdo en que probablemente no es la manera, pero es una señal.

No era fácil encontrar quienes desautorizan a los asambleistas contestatarios, en su gran lema, “Esta política no, otra política”. Los carteles, con pronunciamientos ocasionales contra todo lo divino y humano no hacen al caso y no es honesto agarrarse a ellos para descalificar la simiente de algo que es absolutamente necesario.

Si pretendemos que nuestro país sea un lugar en el  que la mayoría de sus actuales ciudadanos y quienes hayan de sucedernos puedan desarrollar en él  sus honestos proyectos de vida, hay que revisar una serie de parámetros que vienen rigiendo nuestra vida política y que ya son permanentemente cuestionados.

Aunque con posibilidad de error u omisión, repasemos algunos de los gritos, en papel, de los autodenominados “Indignados”: “Democracia Real Ya”, “No somos mercancía de políticos ni de banqueros”, “Esta crisis no la pagamos”, “Esto no es una crisis esto es una estafa”, “Sin casa, sin curro, sin pensión y sin miedo”, “Corruptos del mundo venid, delitos veréis prescribir”.

Es absolutamente necesaria una Ley electoral distinta. El ciudadano ha de sentir que aquel a quien vota es un ser próximo, no una línea en un papelito que ni lee. No puede ser que en una ciudad un diputado represente a decenas de miles de ciudadanos y en otra los miles sean por unidades. No puede ser que un partido con la mitad de votos tenga el doble de diputados. No puede ser.

Por desgracia lo que se suele entender como estructura básica del poder en un estado: el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial, en España, son mirados de reojo por los ciudadanos, con desconfianza y ello ha de cambiar o el Estado se descompondrá por inasistencia de los ciudadanos.

Hablemos de la corrupción que se denuncia: Quien duda que la corrupción se ha extendido por toda la piel de España y que afecta a la clase política en sus múltiples niveles. Quien duda que el uso y abuso de los cargos públicos, en gastos varios, es un verdadero escándalo que se trata de minimizar.  Quien ignora que la colocación de parientes y amigos en puestos innecesarios, o incluso necesarios, financiados por el dinero de todos es el principal quehacer diario de muchos de nuestros políticos.

Seguramente el actual movimiento,”Democracia Real, Ya”, se difuminará temporalmente, pero no tengamos la menor duda que antes de las próximas elecciones generales reaparecerá y probablemente con más ira y violencia.

Sólo un radical programa de cambios estructurales, que sean creíbles y anunciados por quienes hayan sido capaces de ganar suficiente credibilidad, puede impedir que de salto en salto lleguemos en la ira ciudadana a situaciones de muy difícil control y que afectarán radicalmente al cómo entender la forma de gobernar que hoy disfrutamos.

Elisa Martínez de Miguel
Mayo 2011

Votaremos a los Nuestros

                                  Publicado en "Negocio"
                                                   Mayo 2011

Se avecina el principio de una nueva campaña electoral. Numerosas intervenciones públicas de los distintos candidatos a multitud de puestos. Variadas reseñas en periódicos y revistas. Constante  presencia en la televisión y en la radio; lo de costumbre vamos. Todo ello en la legítima intención de mostrarnos y convencernos, qué decisión tan inteligente adoptaríamos si les votamos a ellos. Tendrán mérito en la argumentación, si esta es original.

Pero también es importante y casi más interesante escuchar lo que dicen los potenciales electores. El cómo, estos electores,  sin estar afiliados a partido alguno, reciben discursos y mensajes y como reaccionan a las diversas ofertas electorales.

No hay frase que más me altere e incluso en ocasiones me preocupe que escuchar, “Yo, naturalmente, votaré a los míos” o si es un grupo: “Nosotros, como es lógico, votaremos a los nuestros”. Se sientan de izquierdas, de derechas, de centro o radicales en el espectro político.

En democracia hemos de votar por los hechos que contrastamos y no por las palabras que escuchamos. ¿Es mucho soñar que un día, al salir  a la calle, camino del centro electoral, el votante diga: Los que están en el Gobierno lo han hecho bien; les votaré. Los que están en el Gobierno lo han hecho mal; votaré a los candidatos de la oposición?

En un país democrático, la servidumbre intelectual, la adhesión incontrastable,  no pueden existir. Y quien sólo vota a los suyos, comete un grave y profundo error, los suyos no existen. Los que llaman suyos sólo son de ellos, de los que piden el voto pero nunca nuestros.

Dicen que como mucho hay un veinte por ciento de la población que es capaz de cambiar su voto de una elección a otra, o que es capaz de tomar la decisión de abstenerse o votar en blanco. Y que este porcentaje es el que decide el resultado. Este grupo son los representantes de nuestra racionalidad y de nuestra libertad. Los que son capaces de decirle a un dirigente político; usted lo ha hecho mal y se va. Y de enviar un mensaje al que llega: si usted lo hace mal, no volveré a votarle, así que cuidado.

Dicen que Aníbal hizo jurar a su hijo: “Odio eterno a los romanos”. Aquí cuando llega la hora de votar  se pretende que se desentierren viejos documentos con filias y fobias que irracionalmente condicionan el a quien se debe votar, se suprime todo juicio racional sobre la gestión realizada o no realizado en el gobierno público, sobre la honestidad dominante o perdida. Sólo sirve el: “es de los nuestros, son los míos”. Creo que todo ello es muy triste y que va en contra del espíritu democrático de una nación.

Elisa Martínez de Miguel

La Obsesión por la Igualdad

Publicado en "Negocio"
Marzo 2011

La obsesión por medir la presencia de la mujer en la sociedad actual, principalmente, por el número de Ministras, Secretarias de Estado Presidentas, Directoras Generales, y Consejeras, es un sesgo social que debiera hacernos meditar en cuanto a las consecuencias del mensaje que trasmitimos, antes de adoptarlo como el mejor posible. Aunque que para sus defensoras nada puede hacer más feliz que llegar a unos ciertos niveles de poder y de reconocimiento social, cuanto más alto mejor, puedo garantizar que tan sólo es el ansia de una minoría.

Una cosa es exigir con toda la energía del mundo, la posibilidad de ocupar el puesto que deseemos si estamos capacitadas para ello. Pero es fundamental luchar por el reconocimiento, en términos económicos, de la aportación al bienestar, estabilidad y desarrollo  de la sociedad en que vivimos, que realizan aquellas mujeres que deciden dedicar su vida, inteligencia y esfuerzo en mantener una unidad familiar, y en este terreno queda mucho por hacer.

No es fácil aportar ejemplos concretos, hoy en día, de mujeres que teniendo las cualidades precisas y exigibles para ocupar un puesto, tanto en el sector público como en el privado, si lo desea y está disponible no pueda alcanzarlo y no lo alcance. Tampoco es fácil que en puestos de igual responsabilidad y exigencia se la discrimine en sus remuneraciones o compensaciones. No se hace.

Donde encontramos la gran discriminación, es en quienes dedican todo o parte de su esfuerzo, a mantener ese núcleo vital que denominamos familia. Una sociedad como la nuestra debe comenzar por valorar el papel de estas mujeres y el reconocimiento y compensación que merecen y dejar a las que optan por dedicarse a ser brillantes, ocupar altos cargos y ganar mucho dinero que sigan peleando, que no tienen ninguna dificultad notable para alcanzar sus propósito si de verdad es que lo desean.

La verdadera batalla que hay que dar en los procesos de equiparación debe quedar enmarcada en el tipo se sociedad en que queremos vivir y en la que queremos que las próximas generaciones se desarrollen. Una sociedad de seres aislados, muy realizados todos, sin traumas ni presiones, sin afectos, bajo la incolora, inodora e insípida capa del Estado que de todos cuida y todo lo resuelve, como ocurre en los países nórdicos, en teórica sociedades modelo, donde el tema de la igualdad no se discute. O quizás entendemos que preferimos que exista ese conjunto de células sociales que denominamos familia, donde nuestra propia realización queda condicionada por afectos que se dan y que se reciben, donde la soledad es casi imposible, y donde existe una asistencia permanente que nos apoya.

La libertad de elegir es fundamental, y aunque pueda herirnos, como principio, la libertad de elegir parte de la capacidad económica de que dispongamos. Esta es la verdadera equiparación que hay que resolver, la independencia y la seguridad económica de todos estos millones de mujeres, y a ello deben dedicarse los esfuerzos de políticos y gobiernos pero sobre todo de las asociaciones civiles que pretenden la sagrada igualdad.

Competimos contra nosotras mismas, no contra terceros.

Elisa Martínez de Miguel

Igualdad ¿Qué quieren las mujeres?

Publicado en "Diario Abierto"
Marzo 2011 

A poco aficionados que seáis a la lectura de novelas policíacas o de intriga, los nombres de Henning Mankell, Johan Theorin, Asa Larsson, Mari Jungstedt, o Camilla Läckberg, sin duda os sonarán. La novela nórdica de intriga es cada vez más abundante y variada. En general son buenas, entretienen, mantienen viva la atención durante toda la novela.

Hoy quiero llamar la atención sobre el entorno vital de sus personajes. Hay un denominador común entre ellos, están solos. Sus emparejamientos han resultado fallidos, conservan una relación distante, educada pero de absoluta indiferencia hacia antiguas parejas. Los hijos, con frecuencia hijos únicos, viven  lejos, en ocasiones no se sabe ni donde ni con quien, en Navidad puede que se reciba una tarjeta o a lo mejor tampoco. Los padres ancianos y retirados viven en un asilo, muy decoroso eso si, y una vez al año se le ocurre a los hijos ir a visitarlos.

Hablamos de esos ciudadanos o ciudadanas que mal comen, caliente en muy pocos casos y que su mejor diversión semanal es beber el sábado hasta el límite para dejar pasar el domingo y reintegrarse el lunes a su trabajo.

Estas sociedades se consideran sociedades modelo. El Estado acude a cubrir toda clase de necesidades, si es requerido para ello. Se goza de una gran libertad para dar a la vida propia el contenido que se desee, y la igualdad entre hombres y mujeres es potencialmente absoluta. Es un modelo de sociedad en que el concepto de familia está arrinconado. Jamás desearía vivir en una de ellas.

Prefiero nuestra sociedad centrada y recreada en torno a una familia. Mantener la existencia de este núcleo vital de nuestra sociedad, requiere mucho, muchísimo esfuerzo y en gran parte este esfuerzo ha venido encomendado a la mujer.

La función igualitaria de hombre y mujer en nuestra sociedad no es discutible. Lo que es discutible es la forma en que dicha aportación, potencialmente igual, se realiza y en que medida es reconocida.

Estos días se ponen en candelero la cuestión de la presencia de la mujer en los altos cargos directivos e incluso en los consejos de administración de las sociedades incluidas en el IBEX. Es cierto, la mujer no alcanza la representatividad que al parecer y según su presencia en la obtención de títulos universitarios, doctorados y “masters”, hoy en día superior a los hombres, le correspondería.

No obstante no se  ha hecho un muestreo de que tanto por ciento de mujeres, que pudiendo obtener dichos niveles directivos o puestos en los dichosos Consejos de Administración aceptarían e incluso que habiéndoseles ofrecido los han rechazado. Conozco varios casos. Un hombre nunca diría que no.

Las mujeres hoy en día, somos absolutamente libres de elegir el como repartir nuestro esfuerzo y a que dedicarlo. No es mas valioso quien se sienta en un Consejo y dedica a ello todo o la mayor parte de su esfuerzo, de su inteligencia, de sus capacidades, en resumen de su vida, que la que dedica el mismo esfuerzo, capacidad e inteligencia en mantener una unidad familiar .

Elisa Martínez de Miguel

La Desamortización que viene

Publicado en "Expansión"
Enero 2011

Mediante un proceso, denominado de desamortización, el Estado enajena bienes públicos o bienes previamente expropiados a particulares. En España durante un periodo, que aproximadamente duró doscientos años, se tuvo abierto un proceso de desamortización que comprendió no sólo bienes de origen eclesiástico previamente expropiados, sino bienes de propiedad pública, en su mayoría de carácter comunal.

Las motivaciones para justificar este extraordinario procedimiento de transferencia de bienes e incluso de reestructuración de la propiedad fueron esencialmente dos: Las necesidades financieras del Estado, amortización de Deuda Publica, que había alcanzado niveles que se consideraron excesivos; Y en segundo lugar; la conveniencia de que propiedades que se consideraban escasamente rentables y que no cumplían adecuadamente su función social de generar riqueza y crear puestos de trabajo pasasen a propietarios más eficaces.

Lo que es cierto es que el Estado resolvió, al menos temporalmente, su problema financiero, con el importe de lo obtenido.

En el momento actual, existen algunas circunstancias que dan que pensar: El déficit público y como consecuencia el endeudamiento del Estado esta alcanzando niveles alarmantes y no claramente sostenibles; La necesidad de reactivar la economía y como consecuencia inmediata incrementar o incentivar la creación de puestos de trabajo, no está claro que no tenga que pasar por un considerable incremento de la contratación pública; La sensación de que el sector público no hace nada útil abordando, mediante su participación a través de entidades con diversa denominación,  actividades en que el sector privado es más eficaz, es permanente y generalizada.

Con este panorama, los medios empiezan a dar pistas sobre: La importante titularidad que el Estado, autonomías y ayuntamientos tienen en bienes inmuebles que podrían sacarse al mercado. Las últimas intervenciones públicas en relación con el Ayuntamiento de Madrid, sugiriéndole paliar su déficit financiero mediante la enajenación de parte de los edificios de su propiedad no es sino una muestra más de esta forma de ir haciendo opinión; Otro sector que entra también en el punto de mira, son las Televisiones públicas autonómicas, deficitarias, pero que en manos de empresas privadas pasarían a ser un gran negocio; también la Sanidad Pública, sector que privatizado y gestionado con criterios de empresa competitiva y rentable se asegura que seria más eficaz y dejaría de ser una carga para los presupuestos públicos, etc.

Como sucedió en su día, los adquirentes serán quienes dispongan de medios financieros suficientes. A algunos no nos parecería mal la privatización de sectores hoy en día públicos, pero en determinadas condiciones, sin que ello fuese a precio de ganga y siempre bajo un órgano de vigilancia serio, que empieza a haber movimientos y hay entidades que no dan “puntadas sin hilo”.

Elisa Martínez de Miguel